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El enemigo no puede destruirte.

He estado con esta palabra desde hace días.

Hay muchas cosas que el adversario quisiera hacer contra nosotros. Siempre existió un “deseo” del adversario por destruir a los portadores de un diseño celestial.


Hoy quiero decirte que una cosa es que el enemigo quiera devorarte, destruirte, arruinarte, dañarte, etc., y otra muy diferente es que lo que él quiere, se le cumpla. Puede querer, pero eso no quiere decir que se le dará el deseo de su corazón. Porque aunque el dragón quería devorar el hijo de la mujer en Apocalipsis 12 y Jezabel quería matar a Elías, simplemente su deseo no se cumplió.


La intervención del cielo vino a fin de acabar con los deseos del maligno. El cielo interrumpió los deseos de la maldad. La Eternidad descendió para poner tanto a Elías como al hijo varón que tenía vara de hierro, fuera del alcance del destructor.

Levántate hoy y clama por la intervención de nuestro Padre sobre aquello que el adversario quiere destruir para que esto sea llevado al lugar donde nada puede ser tocado por las tinieblas, esto es: el lugar de Su trono y señorío.


Hoy declaro intervención celestial que pone a salvo aquello que ha sido el objetivo de tu enemigo y me uno a declarar que toda intención del mal queda frustrada en el nombre de Jesús.







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